Emociones! para cuando nos perdemos en la vida.

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Los sentimientos desempeñan un papel fundamental para navegar a través de la incesante corriente de las decisiones personales que la vida nos obliga a tomar”, señala Daniel Goleman, autor del famoso best-seller Inteligencia emocional.
Es cierto que los sentimientos muy intensos pueden crear estragos en el razonamiento, pero también lo es que su falta de conciencia puede ser absolutamente desastrosa, especialmente en aquellos casos en los que tenemos que sopesar cuidadosamente decisiones de las que, en gran medida, depende nuestro futuro. Éstas son decisiones que no pueden tomarse exclusivamente con la razón sino que también requieren el concurso de las sensaciones viscerales y de la sabiduría emocional acumulada por la experiencia pasada. La lógica formal por sí sola no sirve para decidir con quién casarnos, en quién confiar o qué trabajo desempeñar, porque en esos dominios la razón es ciega. La llave que favorece la toma de decisiones personales consiste, en suma, en permanecer en contacto con nuestras sensaciones”, concluye Goleman.
Sólo cuando tomamos conciencia del origen de nuestros sentimientos negativos y nos enfrentamos a ellos, pierden su poder y dejamos de sentirnos impotentes, sin control; entonces estamos preparados para construir una relación armónica y fructífera con nosotros mismos y con los demás.
El viaje a la cuna de nuestros conflictos se transforma en una complicada odisea que iniciamos a tientas. No sabemos exactamente adónde ir. Es como si nos hubieran entregado un plano con una “X”, y nos dijeran: “Guíate por este mapa. En el punto marcado se esconde un tesoro: tu tesoro”. Pero nosotros únicamente vemos un angustioso papel en blanco marcado con una “X”. ¿Cómo empezar? ¿Dónde está la llave del tesoro? La respuesta la hallamos en nuestras emociones. La única forma de abrir el corazón es descifrar sus mensajes, penetrar en ellos. Cada vez que aceptamos un determinado sentimiento, por muy duro y doloroso que sea, algo dentro de nosotros se reblandece y se abre. Si prestamos atención a los sentimientos y nos adentramos en ellos con valentía, poco a poco nos iremos aproximando a la “X” de nuestro particular tesoro. Y en el momento en que nos apropiemos de él, cuando el corazón se halle libre de los obstáculos y defensas de la mente razonadora, seremos los dueños de nuestra vida, que es, en definitiva, la mejor de las fortunas que podemos conseguir.
Pero no nos engañemos; se trata de un recorrido muy abrupto, en cuyo trayecto se adquiere un vasto conocimiento sobre uno mismo. “La sabiduría no nos es dada –recuerda el novelista francés Marcel Proust–. Debemos descubrirla por nosotros mismos, tras un viaje por lugares ignotos que nadie puede hacer por nosotros, que nadie nos puede ahorrar, puesto que nuestra sabiduría es la manera en que al final llegamos a ver el mundo”. Otro escritor, Aldous Huxley, también sabe de las sorpresas que nos depara esta enmarañada expedición: “Nuestra mente todavía guarda sus oscuras Áfricas, sus Borneos no cartografiados y sus cuencas del Amazonas”.
Una cosa está clara; no podemos elegir las emociones, éstas se nos presentan sin pedir permiso, de repente, sean bienvenidas o no. “Existe una diferencia crucial entre permanecer atrapado por un sentimiento y darse cuenta de que uno está arrastrado por él. Tener conciencia de uno mismo significa atención continuada a los propios estados internos, esa conciencia autorreflexiva en la que la mente se ocupa de observar e investigar la experiencia misma, incluidas las emociones”, puntualiza Goleman. Y en este caso, más que en ningún otro, el conocimiento sobre uno mismo nos hace libres. Resulta prodigioso cuando podemos ver los motivos inconscientes que contribuyeron a los sucesos indeseados. En ese instante descubrimos que no estamos sujetos a un destino cruel, sino que nosotros mismos nos hemos encadenado a la tiranía de nuestros procesos internos. Una vez que los reconocemos, podemos empezar a cambiarlos, y de este modo estaremos en disposición de sentir el placer y el dolor sin miedos, a corazón abierto.

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